LOS SENTIDOS DEL PERRO: EL OLFATO

LOS SENTIDOS DEL PERRO

 

 

El olfato

Los primates, tanto arborícolas como los que viven en el suelo de la sabana, dependen mucho de la vista. Por lo tanto, nuestra ascendencia de primates hace que nuestro mundo sea principalmente visual. El mundo del perro, en cambio, es predominantemente olfativo. El perro confía más en éste sentido que en ningún otro, y es precisamente el olfato la principal cualidad que el hombre ha utilizado del perro desde que conviven juntos, muy especialmente en la caza.

Estructura

El hocico es la zona donde se albergan las estructuras que trabajan durante la olfación. En el perro de caza la trufa (nariz) debe ser amplia, bien desarrollada y siempre húmeda. La humedad, tanto de la trufa como del ambiente, es un factor crucial para el olfato, ya que las partículas odorantes se deben mezclar con el agua para que el perro las pueda percibir.

La mayoría de los perros de caza son mesocéfalos (es decir con hocico de tamaño medio, ni corto ni largo) pues son los que poseen el olfato más fino ya que la relación entre las estructuras nasales y el número de células olfativas es el más idóneo. Dentro del hocico hay unas laminas, denominada cornetes, que calienta el aire antes de pasar a los pulmones. La mayor parte del aire inspirado lleva este camino, pero una pequeña proporción de él se dirige a la parte superior y más profunda del hocico donde está la zona olfatoria, recubierta por la mucosa pituitaria, que contiene las células olfativas. Para que el perro pueda olfatear, las partículas olfativas tienen que unirse a la pituitaria.

Fisiología olfatoria

El olfato, la capacidad de olfación de un perro, va a depender de dos cosas. En primer lugar a la superficie de la mucosa pituitaria, o mejor dicho al número de células olfativas que en esta existe y que varía con cada raza:

    • Labrador: 220 millones de células
    • Fox terrier: 147 millones de células
    • Teckel: 125 millones de células

(El hombre posee 10 millones de células)

En segundo lugar la sensibilidad olfatoria depende de la importancia del tamaño de la zona olfatoria del cerebro con respecto al tamaño total de este órgano. En el perro esta zona ocupa el 10’1%, mientras que en el hombre solo es de 0’29%.

Condiciones de olfación

Todo ser vivo produce lo que llamamos moléculas odorantes que son ni más ni menos que descamaciones de la piel, pelo o plumas. Las de pesos moleculares inferiores a 300 son volátiles y el perro las percibe por el aire, función que realizan perros venteadores como los pointers, setters, bracos, etc. Las partículas odorantes de pesos superiores se fijan al suelo y son las que perciben los perros rastreadores como los sabuesos.

Como decía al comienzo, el grado de humedad tiene importancia a la hora de olfatear. Un grado de humedad elevado mejora esta cualidad ya que la percepción de las moléculas odorantes por parte de las células olfativas es una reacción química que necesita del agua para producirse. Los podencos, perros acostumbrados a grados de humedad bajos, son de los pocos perros de caza que ejercitan mejor su trabajo en condiciones de baja humedad, condiciones en las que a un sabueso (que necesitan grados de humedad alta) le sería muy difícil trabajar.

El viento norte, fresco y húmedo, favorece el olfato. El viento sur, cálido y seco, perjudica. Los hielos fuertes de la noche tapan los olores de la pieza, pero cuando estos desaparecen con el calor del día, los rastros van surgiendo. El viento suave es mejor que el viento fuerte, que dispersa demasiado el olor, o la calma que no lo dispersa en absoluto.

Juan J. García Estévez
veterinario


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